¿A DONDE QUIERE DIOS QUE VAYAS? 3ª Parte

DIOS ES QUIÉN NOS GUÍA, NO NOSOTROS A NOSOTROS MISMOS…
(Salmos 23:2-4“En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu callado me infundirán aliento”
La palabra de Dios es muy clara al decir: “me guiará” es bastante notorio que no dice nos guiaremos, sino me guiará.
“SI ESTOY EN EL LUGAR DONDE DIOS QUIERE QUE ME ENCUENTRE, ÉL IRÁ CONMIGO”. Yo lo sigo. Él me guía.
Hay personas que siempre se quejan de que Dios les ha abandonado, pero eso no es verdad, porque Cristo ha prometido estar con nosotros “todos lo días, hasta el fin del mundo”. Lo que tenemos qué hacer es preguntarnos si estamos en la dirección de Dios, no sea que yo me encuentre alejándome de Él.
Muchos creyentes que han flaqueado en su fe se quejan de que nadie los busca, pero déjame decirte que Jesucristo es el que vino a buscarte y a salvarte para que no te pierdas, ¡no te alejes de tu Salvador y Señor, que es Cristo! ¡El te ama! ¡El dio su vida en la cruz para que tú fueras salvo y tengas vida eterna!
PUEDES TRATAR DE CAMBIAR EL RUMBO QUE LLEVAS, A TU MANERA, PERO NO A LA MANERA DE DIOS…
(Hechos 16:7)
y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas.
Pablo comprendió que tenía que cambiar el rumbo, pero lo hizo a su manera y en su propia opinión, quisieron ir a Bitinia, pero una vez más nos dice la Biblia: “pero el Espíritu no se lo permitió”, ¿qué es lo que estaba fallando? Algo no estaba saliendo bien. Algo se estaba haciendo de forma equivocada. Pablo era obediente al mandato divino de “ir y predicar el evangelio”, pero al parecer, el Señor mismo le estaba poniendo obstáculos.
Pablo debió de estar confuso ante estas circunstancias.
“NO ES SUFICIENTE RECONOCER QUE NECESITAMOS CAMBIAR, HAY QUE CAMBIAR COMO DIOS QUIERE QUE CAMBIEMOS”.
Mucha gente cristiana y no cristiana reconoce su necesidad de cambio, y lo intentan de una y mil formas. Ellos mismos reconocen: “Mi vida tiene que cambiar”.
La gente busca a su manera “algo que pueda hacer su vida diferente”. Pablo aquí, quería cambiar para cumplir su misión apostólica. Pero a ti yo te pregunto: ¿para qué quieres cambiar? ¿Por qué quieres cambiar? Tú puedes ajustar algunos pequeños detalles en tu vida, pero para cambiar tu vida tienes que saber que no es suficiente a tu manera, porque: “TENEMOS QUE CAMBIAR A LA MANERA DE DIOS NO A NUESTRA MANERA”.
O mejor dicho, permitir que Él te cambie a su manera. La palabra “cambiar” en el Nuevo Testamento implica una transformación que solamente puede ser hecha por Dios (en griego: alasso, quiere decir hacer otra cosa de lo que ya se es; en griego: metalazo, quiere decir cambiar una cosa en otra).
“Solo el poder de Dios puede cambiar tu ser”.
El milagro más grande que puedes experimentar en tu vida, es cuando permites que Dios te cambie a su manera. Nadie que es transformado por Dios, vuelve a ser el mismo. Piensa por un momento: “¿He cambiado a la manera de Dios?”.
Cristo nos habla de un cambio de vida. Como cristianos ya hemos cambiado en nuestra forma de ser, tal vez, pero a veces sin querer nos salimos de su voluntad.
Pablo no estaba tomando en cuenta a Dios para decidir el cambio que necesitaba hacer para realizar la obra que Dios mismo le encomendó. Después de la primera negación por parte del Espíritu Santo, Pablo supone que puede escoger el siguiente lugar.
Nunca debemos suponer que lo que decidamos, Dios tiene que aprobarlo.
Si dejamos que Dios dirija los cambios en nuestra vida, no dudemos que Él nos ayudará a dirigir su obra.
Debemos decir al Señor: “Jesucristo, sé que necesito cambios importantes en mi vida y solamente tú puedes hacerlos, ¡da dirección a mi vida en esta hora y haz tu voluntad en mi!” Porque es tiempo de poner nuestra vida en las manos de Dios para hacer lo que él quiere para mí y ser cambiado a su imagen y semejanza.
Proximamente la 4ª parte