A SUS PIES… (1)

¿Cuántas veces nos sentimos agobiados por las circunstancias que nos rodean? ¿Cuántas veces nos sentimos solos a pesar de estar acompañados? ¿Cuántas veces nos hemos llegado a sentir incomprendidos? De tal forma que emitimos la frase “no me entienden”.
En muchas ocasiones nos volvemos fatalistas, ¿Por qué somos negativos? La respuesta es no. Lo que ocurre es que la mucha fatalidad vuelve a la gente fatalista.
Nos llenamos de afanes y de preocupaciones que termina secando nuestra vida. Queremos huir y no podemos, correr del mundo y seguimos aquí.
A tal grado que aun rodeados de compañía, seguimos sintiendo las mordeduras fatales de la soledad, que incluso nos lleva a cometer tonterías.
Pierdes el brillo de tus ojos. Te vuelves insensible emocionalmente, pocas cosas te afectan. Se acaban las palabras, no hay demasiado que decir…
¿Qué hacer? ¿A donde ir? ¿Cómo salir de esta prisión?
Hace dos mil años, una mujer pecadora fue perdonada por el Señor, algunos dicen que fue aquella mujer que fue hallada en adulterio en la ciudad de Jerusalén, que fue llevada delante del Señor para que la juzgara, y el Señor la perdonó.
(Lucas 7:36-48)
Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.
Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.
Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro.
Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?
Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.
No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.
Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.
Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.
Cuando una persona se acerca a Jesucristo sentirá en su vida muchas cosas positivas y buenas, entre ellas hay cuatro cosas principales:
1.    Sentirá el perdón:
Una persona que no se siente perdonada, es una persona que vive atada, cargada y torturada por los recuerdos de aquello que hizo y que sabía que no estaba bien.
No hay arma mas usada por el enemigo para castigarnos con la culpabilidad, más aún cuando tú sabes que eres perdonado, el enemigo no tiene autoridad en nosotros, no puede hacer nada contra ti, no puede echarte en cara nada.
Una persona que se siente perdonada es una persona libre. Hay personas que han sido perdonadas por el Señor, mas sin embargo, siguen sintiéndose culpables porque no han tomado conciencia de que el perdón de Dios es suficiente para cubrirnos.
David cuando pecó con Betsabé después de que fue confrontado por Dios a través del profeta Natán, su clamor se convirtió en: Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado. (Salmos 51:1, 2)
Porque sentía lo que era no estar perdonado por el pecado que había cometido contra Dios.