Oír la voz de Dios

Oír la voz de Dios

La salvación de nuestra alma es gratuita y no nos cuesta nada, es por fe, pero una vez que tienes segura la eternidad, tienes que vivir en esta vida y para que nos vaya bien debemos oír la voz de Dios y poner en practica lo que escuchamos.
1 Pedro 3:10-11
Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño; Apártese del mal, y haga el bien; Busque la paz, y sígala.

Siempre ha sido importante escuchar la voz de Dios, pero a través de la historia han existido tiempos y momentos en los cuales es extremadamente critico el poder escuchar la voz del Espíritu de Dios.
Nunca antes como en este tiempo, en este país es necesario que oigamos la voz de Dios.
¿Qué es lo que impide que escuchemos la voz de su Espíritu?
¿Qué es lo que cierra nuestros oídos a su voz?

En siete ocasiones la Biblia dice en Apocalipsis: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.
Dando por hecho que para oír lo que el Espíritu Santo está diciendo hay que tener un oído que no es el oído natural o físico sino que es un oído espiritual.
El cual no nos es otorgado por nuestro nacimiento natural sino por el nacimiento espiritual en Cristo.

David dijo en el Salmo 40:6 “Has abierto mis oídos” Porque es el poder de Dios lo que nos hace nacer de nuevo y nos abre los oídos espirituales.
Además este oído espiritual se va ejercitando hasta que se agudiza y escucha todo lo que Dios quiere decirnos.

Así como se ejercita para agudizarlo, también se pueden ir perdiendo las facultades de audición espiritual.

Jesús dijo a sus discípulos en Marcos 8:18: “Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís”

Hubo un tiempo en el que la Palabra de Dios escaseaba y que no había con frecuencia visión de parte de Dios.
Ese tiempo eran los tiempos de Samuel cuando era tan solo un joven y Elí era el sumo sacerdote y sus hijos ministraban.

(1º Samuel 3:1)
1El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.

Una noche Dios habló a Samuel, este no conocía la voz de Dios y al escuchar su nombre pensó que era Elí el que le llamaba.
Elí le aconsejó después de tres veces que Dios llamó a Samuel y cuando Dios llamó a Samuel por cuarta vez, este le contestó:

(1º Samuel 3:10)
10Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

Habla porque tu siervo oye, dijo Samuel y Dios le dio un mensaje para Elí.

La pregunta es: ¿Por qué Dios habló a Samuel si el mensaje era para Elí?

Elí era el sumo sacerdote en ese tiempo, era un siervo de Dios, ministraba al Señor, fue sacerdote por 40 años, entonces… ¿Por qué Dios habló a Samuel si el mensaje era para Elí?

¿Por qué Elí no podía decir “habla que tu siervo oye”?
¿En que momento Elí había perdido su oído espiritual?
¿Por qué no había palabra de Dios ni visión?

1. Dos causas impiden que oigamos la voz de Dios:

a. El pecado:

(1º Samuel 2:21)
22Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

Los hijo de Elí, Ofni y Finees, que ministraban a Dios, estaban cometiendo pecado abiertamente.
El pecado frena la palabra de Dios, el pecado frena la visión de Dios.
El pecado cierra los oídos espirituales para no escuchar la voz de Dios.

b. Y la participación del pecado aun cuando tu no participas pero lo sabes y no haces nada:

(1º Samuel 3:13)
13Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.

“Para que el mal triunfe, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.
Edmund Burke

Elí que tenía autoridad para frenar eso y no lo hizo.
Elí debió parar a sus hijos y separarlos del ministerio. Los hijos ya sabrían si seguían haciendo lo que estaban haciendo pero fuera del ministerio, era cosa de ellos y pagarían por sus actos.

Elí no vivía en pecado, su problema no era que estaba viviendo en pecado, sino que él tenía autoridad para frenar el pecado que sus hijos estaban haciendo, no para que dejarán de pecar, pero si que dejaran de hacerlo donde lo estaban haciendo.
Se convirtió en cómplice.

Elí tenía algunos problemas y distracciones en su vida que le impedían oír a Dios.
El vivir en pecado cierra los oídos para oír al Espíritu de Dios, pero también cierra los oídos el hacer la vista gorda o cerrar los ojos al pecado cuando tu sabes que puedes hacer algo para frenar el pecado que pueda estar causando daño.

2. El oír la voz de Dios hace diferencia:

El oír la voz de Dios hizo diferencia en la vida de Samuel.
Marcó un inicio para su crecimiento espiritual, para su madurez.
¡Que importante es poder decir al Señor: “Habla que tu siervo oye”!
¡Que importante es tener oídos espirituales para escuchar la voz de Dios! Que nos habla a través de su Palabra, de sus profetas, de sus siervos o de forma directa como lo hizo con Samuel.

(1º Samuel 3:19)
19Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.

Después de que Samuel escuchó la voz de Dios, tuvo un proceso de crecimiento, así nosotros, conforme agudizamos o ejercitamos nuestros oídos a la voz de Dios, vamos teniendo un crecimiento espiritual continuo.
Además dice la palabra de Dios que Jehová estaba con Samuel y que lo respaldo siempre en todas las cosas que Samuel dijo.

Los hijos de Elí y aún el mismo Elí murió, pero Samuel fue levantado como el dirigente espiritual de Israel.
Oír la voz de Dios marca la diferencia.

3. Oír la voz de Dios es el primer paso para recibir las bendiciones de Dios, el segundo será obedecerla:
Deuteronomio 28:1

Éxodo 23:22
Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren

4. ¿De cuales eres tu?

Delante de una multitud, el Señor Jesucristo anunció su muerte y dijo:
“Padre, glorifica tu nombre”.

Entonces una voz del cielo dijo:
“Lo he glorificado y lo glorificare otra vez”.

Los que estaban mas sordos espiritualmente decían que había sido un trueno, no se enteraron de nada. Tal ves dijeron: “Va a llover” o “Están festejando al Barça”.

Los que eran medio espirituales dijeron que había sido un ángel el que había hablado. Sabían que era algo celestial, pero no podían determinar que ni su procedencia exacta, pues fue el Padre quien habló, no un ángel.

Pero el Señor y algunos pocos escucharon con claridad la voz de Dios, supieron la procedencia, era el Padre. Sabían lo que dijo, porque lo escribieron.

¿De cuales eres tu?
Dios quiere hablar con sus siervos. Dios quiere hablar con su pueblo.
Dios está hablando a sus hijos.
¿Estamos escuchando?

Escudriñemos nuestro corazón para saber si hay algún pecado que nos está impidiendo que oigamos la voz de Dios.
Escudriñemos nuestro corazón para saber si estamos haciendo de la vista gorda con el pecado.
Tal vez no pensando en cosas tan graves, pero aún en lo que a nosotros nos parece pequeño, como cuando nos están trayendo algún chisme de otra persona, tal vez tu no lo estás diciendo, tal vez tu no lo estás contando, pero tal vez tu haces de la vista gorda, como lo hizo Elí, no paras el pecado, y la voz de Dios cada vez te parece mas lejana y mas irreconocible.

¿Por qué Dios habló a Samuel si el mensaje era para ElÍ?
¿Por qué Dios habla a otros si el mensaje es nuestro?

Analicemos nuestro corazón para saber que está estorbando en nosotros para oír directamente la voz de Dios.

Isaías escribió en Isaías 42:23
¿Quién de vosotros oirá esto? ¿Quién atenderá y escuchará respecto al porvenir?